En los siglos posteriores el Descubrimiento los moguereños siguieron viajando a América y con ellos también las costumbres y la arquitectura de nuestro pueblo.

El Monasterio de Santa Clara de Moguer sirvió de modelo en multitud de iglesias fortificadas y conventos como los de Cuernavaca, Yuriria, Acolman, Tula, Tepeaca o Cholula. El claustro de las Madres de Santa Clara de Moguer también se reproduce en el Convento de Santo Domingo de Tunja en Colombia, y  muchas casas de poblaciones del Virreinato de Nueva Granada, se parecen a las hermosas casas moguereñas, e incluso fueron nuestros intrépidos paisanos los que llevaron el cultivo de la vid a esas tierras recién descubiertas.

Entre estos moguereños que se asentaron en América destaca la figura del nieto de Pedro Alonso Niño, que se estableció en la ciudad de Tunja, provincia de Santa Marta en la actual Colombia, donde procreó hijos con una indígena, lo que aceleró el proceso de aculturación que con el tiempo se convertiría en la seña de identidad del pueblo americano. Uno de los descendientes de los Niño, Juan Nepomuceno Niño, llegó a abanderar la independencia de Colombia

El periplo de esta familia marinera es sólo un ejemplo del intenso ir y venir entre el continente Americano y España en lo que se llama “la Carrera de Indias”, que durante los siglos posteriores al descubrimiento propició un intercambio continuo de razas, de tradiciones, de música, de arquitectura, de gastronomía,… que perdura hasta nuestros días.

El puerto de Moguer sobre el Tinto siguió siendo uno de los puntos de partida de numerosas expediciones comerciales y exploradoras al Nuevo Mundo, y fueron cientos los moguereños y moguereñas los que atravesaron el Atlántico en ambas direcciones haciendo posible el Encuentro entre dos Mundos.

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